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4 abr. 2015

LA SOLEDAD DE MARIA

¡Cristo ha muerto! Hoy los sagrarios están vacíos, no hay misa, y por tanto no hay lecturas que comentar. Hoy miramos a María y contemplamos su soledad. ¿Por qué está sola la Virgen?
Es curioso porque ahora nadie deja sola a la Virgen, es cuando más gente tiene pendiente de ella. Al pie de la Cruz ha recibido a toda la humanidad como hijos y ahora tiene pendiente de ella a Juan, que ha asumido su misión, y a la Magdalena y demás mujeres que no la quieren dejar sola. Sin embargo en el momento en que la Virgen abandona el calvario contemplamos a una mujer radicalmente sola. ¿Por qué hoy contemplamos la soledad de María? La soledad de la Virgen es la soledad de la fe.
Está sola porque sigue siendo, como siempre, la mujer de la fe. Esa fe es la que le hace estar sola porque a su alrededor nadie cree. Entre la muerte y la resurrección de Jesús sólo María mantiene la fe. Por eso está sola aunque tenga mucha gente a su alrededor.
Ella sabe que esto era la voluntad de Dios, sabe que el Hijo tenía que padecer y morir en la cruz para salvar a los hombres. Por eso, al pie de la cruz María repite otra vez el Hágase en mí según tu Palabra que dijera por primera vez en Nazaret.
Y porque cree, espera la Resurrección. Sabe, y espera, que Jesús resucitará al tercer día. Esa es la segunda dimensión de la soledad de María. Ella también está sola porque es la única que espera la resurrección. Los de Emaús ya están preparando las cosas para irse camino a su pueblo; los apóstoles han desaparecido; Judas se ha suicidado; las mujeres andan ocupadas y preocupadas porque se han dejado el cadáver si arreglar bien. ¿Y María? ¿Qué es lo que hace hoy María? Ella está esperando la resurrección. Espera sola. Y nadie la entiende.
María en su soledad sufre. ¡Como no va a sufrir! Ha visto el sufrimiento de su Hijo y llora. ¡Cómo no va a llorar! ¿A qué madre no le afecta la humillación de un hijo? Posiblemente le duela más que su propio dolor. La diferencia está en que ella sabe que su dolor, la humillación de su Hijo y su propia muerte no tienen la última palabra. Sabe que su Hijo no ha sido vencido. Ella espera la victoria.
Continúa sola porque continúa diciendo sí a Dios y a su designio de amor al hombre. Y en su soledad ahora también dice aquí está la esclava del Señor.
A veces Cristo, en nuestra vida, parece que no está, que ha desaparecido o nos da la sensación de que nos ha abandonado. En nuestras dificultades, en la cruz, en nuestros sufrimientos parece que estamos solos. María, en este Sábado Santo nos enseña a decir Fiat, hágase.
Hoy nos acercamos al cenáculo a contemplar a María en su soledad para coger fuerzas para llevar nuestro sufrimiento, nuestra cruz de cada día y ser personas de fe y esperanza.

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