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9 jun. 2015

LA PAZ ES POSIBLE, ES NECESARIA

La paz es posible, es necesaria: construir la paz en lo cotidiano
 Un siglo después de que la hermosa ciudad de Sarajevo se convirtiera en el polvorín del que prendió la I Guerra Mundial, y dos décadas después de que los horrores de la Guerra de los Balcanes destrozaran, de nuevo, la ciudad y sembraran muerte y destrucción por doquier y cicatrices profundas y lacerantes en el corazón de los sobrevivientes, la llamada «Jerusalén de Europa» –en referencia a su abigarrado mosaico humano integrado por musulmanes, judíos y cristianos-, puede convertirse en una parábola de paz, de convivencia, respeto y fraternidad, más allá  y desde sus diferencias étnicas, religiosas y sociales.
 Por eso, el Papa Francisco ha elegido, de nuevo, una periferia geográfica, eclesial y cultural como la capital de Bosnia y Herzegovina para realizar una visita apostólica
¿Y a qué ha ido Francisco hasta este remoto y olvidado rincón de Europa? Él mismo ha dicho y repetido: «Para alentar este camino de convivencia pacífica entre pueblos diferentes; un camino fatigoso, difícil, ¡pero posible!». Posible y necesario. Porque la paz es la única alternativa. Porque la paz es «el sueño de Dios, el proyecto de Dios para la humanidad, para la historia, con toda la creación». Ha ido a Sarajevo para que esta ciudad se convierta en símbolo, en realidad de la parábola de la paz.
La paz no solo se construye en los despachos de los poderosos de este mundo, ni en las estrategias de sus Gobiernos, diplomacias, intereses económicos y ejércitos. La paz se construye entre todos y es una obra artesanal que requiere paciencia, tesón, pasión, confianza y determinación. La paz se construye en lo cotidiano, y se hace pasando de «una cultura de  confrontación, de guerra, a una cultura del encuentro».
Para ello, son necesarias, al menos, tres grandes actitudes. La primera es tomar conciencia de la gran idolatría de la guerra, de la violencia, del comercio de armas, del rencor, del odio. La paz es don de Dios. Con palabras del apóstol Pablo, hemos de dejarnos reconciliar por Dios para ser después artífices y testigos de la paz. Sin la verdad del Dios de la paz, del perdón y de la reconciliación, no hay paz, y la ausencia de paz es obra del maligno «Solo cuando el ser humano se deja reconciliar con Dios, puede llegar a ser constructor de paz».
En tercer lugar, la paz nace del diálogo, de la comunicación.  «Descubrir las riquezas de cada uno, valorar lo que nos une y ver las diferencias como oportunidades de crecimiento en el respeto de todos. Se necesita un diálogo paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás». 
Un diálogo que obliga singularmente a las religiones y a todos los creyentes (cf.  Evangelii gaudium, 250). «El diálogo interreligioso, antes incluso de ser una discusión sobre los grandes temas de la fe, es “una conversación sobre la vida humana”. 

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